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  • Las emociones

¿De que hablamos cuando decimos “emociones”?

Si partimos de su base etimológica, el término emoción significa “el impulso que induce la acción”. Es decir, es una respuesta inmediata del organismo que incita al individuo a realizar actos motores o a inhibirlos.
Los seres vivos disponen del mecanismo de la emoción para orientarse (a modo de brújula) en cada situación, buscando aquellas que son favorables a la supervivencia.
Las emociones no son buenas o malas en sí mismas. Las podemos rotular como positivas o negativas, pero en realidad nos referimos al uso que hacemos de ellas.
A modo de ejemplo podemos decir que es negativo el miedo, siempre y cuando por medio de éste una persona se paralice y no pueda actuar (rendir exámenes para terminar una carrera). En cambio, el mismo miedo es positivo en la medida en que provoca correrse de una situación de riesgo (cruzar una calle con el semáforo en rojo).

Emociones hay muchas, pero se consideran en general seis emociones básicas o primarias, a saber:

Alegría: Otorga sensación de bienestar, de seguridad. Nos induce a la reproducción del suceso que nos hace sentir bien.
Miedo: Anticipación de una amenaza o peligro. Tiende a la protección.
Tristeza: Pena, pesimismo. Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.
Ira: Rabia, enojo, furia. Nos induce a la destrucción.
Sorpresa: Sobresalto, asombro, desconcierto. Ayuda a la orientación frente a nuevas situaciones.
Aversión: Disgusto, asco. Nos produce rechazo.

A partir de las básicas y por combinación de varias, se logra una gama emocional muy amplia y casi podríamos decir interminable. Para que resulte más claro podemos ver al desengaño como una mezcla o combinación de sorpresa y tristeza, mientras la suma de muchas emociones positivas nos dan como resultado el amor.

En este punto hay que hacer una distinción. Dirán que el amor más que una emoción es un sentimiento y están en lo cierto. El tema es que cotidianamente, se suele utilizar el término emoción como sinónimo de sentimientos y viceversa.
La diferencia fundamental entre ambos conceptos radica en que mientras la emoción es fugaz (hablamos de instantes), los sentimientos presentan una mayor duración en el tiempo, pero nacen o se sustentan a partir de emociones.

Hilando fino, encontramos que toda emoción tiene un componente cuantitativo y otro cualitativo. Cuando nos referimos al primero, estamos hablando de la magnitud de la emoción que va del poco, bastante, muy,  hasta llegar al extraordinariamente. En cambio, el componente cualitativo lo otorga el nombre de la emoción propiamente dicha.

Me siento extraordinariamente alegre.
Me siento un poco triste.

Toda persona puede ser capaz de sentir, expresar y controlar sus emociones. Remarco las tres acciones porque el controlar una emoción no significa el “dejar de sentir” sino que se debe controlar la manifestación externa de la misma.
Es bueno el poder permitirse sentir “ira”, el tema es como la demuestro. Un buen ejemplo sería poder utilizar una emoción “negativa” como en este caso la ira y poder encauzarla de tal manera que me ayude a alcanzar una meta positiva:

Estoy enojada porque a mi compañera de trabajo le dieron un aumento y a mí no. Utilizo esa energía que me moviliza, no para romperle algo por la cabeza a dicha persona sino, haciendo cosas que me hagan crecer día a día…

Sé que no es fácil, pero tampoco imposible….
Los invito a ponerlo en práctica….

Lic. Adriana E. Sivolella

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