• Te escucho

De un tiempo a esta parte hay ciertas frases que se están transformando en típicas y por ende, se vuelven muy reiterativas. Una de esas frases que más se escucha, no solo en el consultorio, sino en cualquier conversación entre amigas es: “mi pareja no me escucha” o “a mi hijo parece que le hablo en chino, no entiende”.

Nunca se pusieron a pensar ¿por qué algo tan básico como escuchar al otro puede resultar tan complicado?

Es moneda corriente caer en la confusión de creer que oír y escuchar es lo mismo. Quizás ahí radique principalmente el error. Si nos detenemos e indagamos sobre la función de oír, vemos que es solamente eso, una actividad fisiológica, que se lleva a cabo simplemente con el oído: percibimos sonidos. En cambio, escuchar implica más que eso, incluye prestar atención y tratar de comprender.

Alguna que otra vez me ha pasado estar en una conferencia o seminario que no cubre mis expectativas pero por respeto al ponente permanezco sentada. Una de esas veces, una de mis colegas que se encontraba a mi lado me preguntó: ¿qué dijo, no entendí? A lo cual le conteste: no se, no escuche. Ella me miro asombrada ya que el audio en la sala era espectacular.

Y volvió a preguntar: ¿te pasa algo? En realidad no me pasaba nada, simplemente estaba oyendo sonidos, palabras, voces, pero no estaba escuchando.

Esto pasa a menudo y no solo en lugares donde se lleven adelante cursos, sino que pasa principalmente y lo que es peor aún,  en la vida cotidiana. Es moneda corriente decirle al que tenemos al lado: mirame, te estoy hablando. Y conseguir como respuesta: te escucho con los oídos, no con los ojos. En realidad, lo que quisimos decir es: prestame atención, quiero que me escuches.

El hecho de no escuchar al otro puede deberse a múltiples razones, entre las que figuran como más habituales:

  • Estar demasiado cansados para prestar atención.
  • No estar interesados en el tema que se trata.
  • Estar preocupados por la agenda del día siguiente.
  • Prestar atención a la apariencia de quién habla en lugar de lo que dice.
  • Nuestro estado emocional.

Las razones pueden ser muchas y variadas, además, pueden modificarse según la hora del día: cuanto más tarde es, menos te escucho.

Teniendo en cuenta los complejos y diversos motivos que nos impiden escuchar al otro, debemos tomar  ciertos recaudos para que ello no suceda. Ahora la pregunta es ¿por qué? o ¿para qué? Y la respuesta creo que es simple, porque poder escuchar implica, entre otras cosas:

  • Mejorar la comunicación.
  • Optimizar las relaciones con los pares.
  • Entender diferentes posturas.
  • Ampliar conocimientos.
  • Ganar amigos.

Hay un proverbio Chino que dice: “El Gran Arquitecto del Universo hizo al hombre con dos orejas y una boca; para que escuche el doble de lo que habla”. Que cierto es, pero, que poco lo ponemos en práctica….

Por eso, los invito a prestar más atención a quienes nos rodean, cerrando un poco la boca y abriendo no solo los oídos, sino y principalmente, el corazón ya que muchas veces, debido al trajín cotidiano, no nos escuchamos ni a nosotros mismos….

Lic. Adriana E. Sivolella.

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